Prólogo

Todos portamos un diálogo interior que determina nuestras relaciones con el mundo, con los otros y con nosotros mismos. Discursos grabados en nuestra niñez, convicciones aprendidas por experiencias y raudales de palabras que circulan en la vida social, acaban habitando nuestra memoria profunda.

Una verdad antropológica sencilla pero fundamental, que me gusta repetir, es que el hombre, todo hombre y mujer, vive las palabras que lo habitan. La memoria es un almacén de palabras que induce nuestra conducta y modela nuestra identidad. Se abre la puerta del libre albedrío cuando desde la consciencia se aprende a contemplar con mirada ecuánime esas palabras que portamos, cuando suspendiendo todo juicio alumbramos las sombras de heridas invisibles que rezuman día a día o reabrimos templadamente las viejas deudas por ventilar e integrar.

En este bello juego literario, la autora lanza una propuesta de rescate de la antiquísima y, a la vez, innovadora práctica del silencio como avenida de apertura a la realidad interior, más espiritual, y logra forjar –con su obra– una herramienta privilegiada para mirar más allá de la apariencia de las cosas y vivir bien la vida, en principios, en coherencia, en valores, contemplando desde el corazón –ese centro sagrado– el  lugar donde habitan las palabras, reconectando al lector con la posibilidad de búsqueda de la felicidad.

Con poética prosa reflexiona sobre las palabras como constructoras de la percepción del mundo. Con aquellas que un día la habitaron –la inundaron, yo diría– construye micro– relatos que son testimonios de la narración mítica de su propio mundo interior y su entorno. En un último y audaz paso, acaba interpelando al lector – al que acompaña en el jugoso y arriesgado juego de atravesar sus límites lingü.sticos– a explorar el territorios escondido de sus palabras e inclinarlo sutilmente a un íntimo paseo de autoconocimiento, habilitándole la posibilidad de hacerse espectador de su propio lenguaje y aprender a reconciliarse con su imperfección, para descubrir otra belleza escondida.

Con el libro que el lector tiene en sus manos, Alicia recorre una exquisita singladura que interioriza palabras fecundas en la memoria del corazón, aquellas que desenmascaran compromisos ocultos con el mal y reestructuran gradualmente el confuso psiquismo con un glosario de amor y de sentido de propósito para recuperar una vida equilibrada y sana.

En la actual encrucijada histórica que atravesamos, se agota una manera de percibir el mundo y percibirnos a nosotros mismos. En la sensibilidad de este escenario de “entre– épocas” –del que tanto cabría hablar– nuevos valores emergen; entre ellos, los que la mujer representa, fundados en vivir y enseñar la entereza y profundidad del amor.

Profundidad y valor de la dimensión femenina del ser humano representados en el sentido del matiz, del detalle y la sensualidad, en la capacidad de comprensión o en la percepción estética de realidades complejas… Es la razón por la que, desde mi constitución típicamente masculina, deseo anticipar la honda sensibilidad de nuestra autora con las palabras que nos habitan.

Dr. Esteban Fernández–Hinojosa

www.estebanfernandezhinojosa.com

Servicio de Cuidados Críticos (UCI)
Tutor de Residentes.
Hospital Universitario “Virgen del Rocío”, Sevilla